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IMPORTANCIA DE LA ALIMENTACIÓN Y LA ACTIVIDAD FÍSICA EN LA PREVENCIÓN DE ALGUNAS ENFERMEDADES

Los dos principales factores que intervienen en el estado de salud de las personas son las características genéticas y el estilo de vida. La mayor parte de las enfermedades tienen una base genética, pero el estilo de vida del individuo es el factor que determina que la patología se desarrolle en el transcurso de los años.

Las conductas que representan un peligro para la conservación de la salud se consideran factores de riesgo. Dos de los principales, con mayor influencia negativa en las patologías crónicas, son el sedentarismo y la alimentación inadecuada.

Como punto de partida se puede afirmar que las personas físicamente activas disfrutan de una mayor calidad y esperanza de vida, porque padecen menos las limitaciones que, normalmente, se asocian con las enfermedades crónicas y el envejecimiento.

 

BENEFICIOS DE LA ACTIVIDAD FÍSICA

Las personas que se mantienen activas tienen en general menor riesgo de padecer enfermedades degenerativas, especialmente enfermedad cardiovascular, obesidad, hipertensión, infarto cerebral, osteoporosis y diabetes. El ejercicio físico realizado REGULARMENTE también produce una mayor sensación de bienestar general: se ha destacado su relevancia en el control de la ansiedad, del estrés y en la mejora de la autoestima.

Cabe destacar la importancia de realizar una actividad física regular en la prevención de ciertas enfermedades como:

    • Enfermedades cardiovasculares y dislipemias (hipercolesterolemia e hipertrigliceridemia)

Las enfermedades coronarias son la principal causa de muerte en Europa. Llevar un estilo de vida activo, con un nivel moderadamente alto de ejercicio puede reducir las posibilidades de contraer enfermedades cardíacas graves o morir por su causa.

Por otra parte, el ejercicio físico normaliza los niveles de lípidos plasmáticos. En particular, eleva los niveles de lipoproteínas de alta densidad HDL (colesterol bueno), factor importante ya que los niveles bajos de HDL se asocian a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares. Además, el ejercicio físico regular produce una disminución de los niveles de triglicéridos en aquellos individuos con valores inicialmente altos, a través de una mejoría de la sensibilidad a la insulina.

La actividad física también es efectiva para reducir la grasa abdominal (cuando la grasa se acumula en la zona del estómago y cintura), que se asocia con un incremento del riesgo de padecer diabetes o enfermedades cardiacas. Estudios poblacionales han demostrado que hombres y mujeres físicamente activos tienen una relación cintura/cadera inferior que hombres y mujeres sedentarios.

    • Obesidad y exceso de peso

La incidencia de obesidad se ha triplicado en los últimos 20 años y, actualmente, más del 20% de la población del mundo desarrollado presenta obesidad. Existen pruebas cada vez más evidentes de que la reducción de los niveles de actividad física es un factor fundamental en el incremento de la obesidad. De hecho, parece que la medida de actividad física que se realiza puede ser un factor determinante en el desarrollo de la obesidad, incluso más que la ingesta energética.

El ejercicio puede ayudar a perder peso a las personas que ya son obesas o tienen sobrepeso, si lo combinan con una dieta hipocalórica, y puede mejorar su composición corporal, ya que conserva el tejido muscular y aumenta la pérdida de grasa. Además las personas que hacen regularmente ejercicio tienen más posibilidades de mantener la pérdida de peso a largo plazo.

Quizá la mayor ventaja que tiene la actividad física para las personas obesas es su efecto sobre su perfil de riesgo. Se ha comprobado que las personas obesas que logran mantenerse activas y en forma reducen el riesgo a padecer afecciones cardiacas y diabetes hasta niveles parecidos a los de las personas no obesas.

    • Diabetes en adultos

Se ha demostrado que la actividad física puede prevenir la aparición de diabetes y su mortalidad asociada.

La recomendación más apropiada para los pacientes obesos y con diabetes tipo 2 es una dieta moderadamente baja en calorías, equilibrada nutricionalmente, con una ingesta reducida de grasa saturada y un incremento de la actividad física.

Se han realizado estudios que han demostrado que hacer ejercicio, como andar o montar en bicicleta, tres veces por semana durante 30-40 minutos, puede suponer pequeñas, pero significativas mejoras en el control de la diabetes.

    • Tensión arterial

El ejercicio físico ejerce un efecto muy beneficioso sobre las personas con hipertensión arterial, reduciendo sus valores de tensión. Esta disminución de la presión sanguínea con la actividad física ocurre tanto en personas con una tensión normal como en hipertensos y es independiente de la pérdida de peso.

    • Cáncer

Mantenerse físicamente activo reduce el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer y la actividad moderada o intensa es la mejor manera de protegerse. Por ejemplo, realizar ejercicio físico reduce el riesgo de desarrollar cáncer de colon o cáncer rectal.

    • Sistema músculo-esquelético

Hacer ejercicio de forma regular puede ser beneficioso para las dolencias y enfermedades que afectan a los músculos y los huesos (como la osteoartritis, el dolor lumbar y la osteoporosis). Hacer deporte ayuda a fortalecer los músculos, tendones, ligamentos y a densificar los huesos.

El ejercicio también es eficaz para prevenir dolores lumbares y reduce la incidencia de los problemas de espalda. No se ha demostrado que la actividad física ayude a prevenir la osteoartritis, pero se ha comprobado que caminar reduce el dolor, la rigidez y la discapacidad, además de mejorar la resistencia, la movilidad y la calidad de vida en general.

Hacer ejercicios en los que se cargue con el peso del cuerpo, como pilates o yoga, además de actividades entre moderadas en intensas, puede incrementar la densidad mineral y el tamaño de los huesos en adolescentes, ayudar a mantenerlo en los adultos y ralentizar su descenso en los ancianos. Esto puede contribuir a prevenir o retrasar la aparición de osteoporosis, pero no puede invertir el proceso una vez que se ha desarrollado la enfermedad.

    • Función cognitiva

Existen numerosos estudios que han demostrado que la actividad física reduce la depresión, al mejorar la salud subjetiva, el estado de ánimo y la emotividad, así como la autopercepción de la imagen del cuerpo y la autoestima física.

Es más, tanto los periodos cortos de actividad como el entrenamiento deportivo continuado reducen la ansiedad y mejoran las reacciones ante el estrés, así como la calidad y extensión del sueño. También se ha demostrado que el ejercicio mejora algunos aspectos del funcionamiento mental, como la planificación, la memoria a corto plazo y la toma de decisiones.

 

PARA TODAS LAS EDADES

Los beneficios de la actividad física están presentes en todas las etapas de la vida. Durante la niñez y la adolescencia, el ejercicio físico practicado regularmente es una herramienta de primer orden en la prevención de muchas enfermedades que se manifiestan, generalmente, muchos años después, como la obesidad y la osteoporosis, y también ayuda en la prevención de hábitos de vida poco saludables, como el consumo de drogas.

En los adultos, cumple un papel fundamental en la prevención y el tratamiento de enfermedades cardiovasculares, de los dolores de espalda y la prevención de los estados de ansiedad y depresión.

Finalmente, durante la tercera edad, la actividad física juega un papel fundamental en la prevención y el tratamiento de la disminución de las capacidades psicológicas y físicas, que comienzan a manifestarse de modo muy significativo a estas edades. Además, el ejercicio podría reducir el riesgo de demencia y Alzheimer.

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